Crónica del Festival de Sitges 2017 – Parte III

Tras unos días cargados de buen fantástico y terror, proseguimos con más reseñas de films que hemos podido disfrutar en el evento fantástico por excelencia:

THELMA (Joachim Trier, 2017)

Thelma no es una chica como las demás. Desesperada, le pregunta insistentemente a Dios por qué la ha hecho así. Sus padres tampoco son de gran ayuda, sino dos personas misteriosas que se muestran tranquilas ante los poderes que muestra su hija, que, cada vez que siente algo, causa desastres. Cuando Thelma inicie una relación con una compañera, las emociones propias del amor harán estragos.

Un padre y su hija pequeña van a cazar a la montaña. Al ver a un ciervo, ambos lo miran, pero el padre finalmente no dispara, sino que en vez de eso cambia de objetivo y apunta a su hija. De esta forma tan suculenta, misteriosa e inquietante arranca “Thelma“, la nueva película de un cineasta claramente a seguir: el noruego Joachim Trier. Religión, autodescubrimiento, despertar sexual, represión, culpa, impulsos adolescentes y un misterio sobrenatural se dan la mano en un film cocinado a fuego lento que consigue atrapar al espectador para no soltarlo a lo largo de sus dos horas de duración. Una atmósfera gélida y de regusto malsano unido a unos personajes decentemente construidos, escenas de una elegancia formal hipnótica y una trama bien desarrollada, convierten a “Thelma” en una de las propuestas más interesantes vistas en el certamen.

Sin embargo resulta innegable que aunque se agradezca su esfuerza por renovar y apostar por el fantástico desde un punto de vista más rigurosamente realista, sugerente y contenido, la cinta no está exenta de ciertos (¿e inevitables?) clichés dentro del cine de género y una trama algo previsible en su tercer acto. Pequeños detalles totalmente perdonables si tenemos en cuenta lo fascinante y perturbadora que es esta historia de -en el fondo- una superheroina y su tortuoso camino hacia la verdad.

Aparte de sus similitudes con films como “Carrie” aunque rodado al estilo Ingmar Bergman, su aproximación naturalista y casi doméstica de los poderes sobrenaturales recuerda un poco (salvando las distancias) a “El protegido” de M. Night Shyamalan, no tanto en la historia, sino más bien por su enfoque altamente realista de una historia de marcado tono fantástico. Superhéroes humanizados, anónimos, vulnerables e imperfectos.

Thelma” es una cinta ante todo honesta, minimalista, que jamás recurre a maniequismos ni efectismos baratos y que poco a poco (ritmo pausado pero correcto) va descubriendo sus cartas y ganando en intensidad y trascendencia hasta el estupendo clímax final.




JUPITER’S MOON (Kornél Mundruczó, 2017)

Al intentar cruzar ilegalmente la frontera, el joven emigrante Aryan recibe un disparo, y la herida le otorga el poder de levitar. Con la ayuda del doctor Stern, logra escapar de un campo de refugiados. Fascinado por los superpoderes de Aryan, Stern ve la oportunidad de explotar el milagro.

No puedo negar que me ha sorprendido que un film tan indigesto, irregular, mal enfocado, redundante y gratuitamente dilatado como “Jupiter’s Moon” haya ganado el premio a la mejor película en esta edición de Sitges, con la cantidad de mejores película que habían en la sección oficial. Como pasaba con “White Dog” (aunque en menor medida), la película quiere abarcar demasiados temas (la crisis de los refugiados, la explotación de un poder, el racismo recalcitrante que todavía perdura en Europa, el integrismo islámico infiltrado, la creciente deshumanización de la sociedad actual, etc..) sin profundizar verdaderamente en ninguno y esa indefinición la hace deambular sin demasiado sentido a lo largo de unos tediosos 123 minutos.

Es bien conocido el virtuosismo formal de Mundruczó y gracias a ese dominio técnico -como ya ocurría en su anterior film- encontramos escenas y planos verdaderamente bellos y poéticos. Su particular universo visual -deslumbrante y de una patente complejidad (algunos larguísimos planos secuencia son una barbaridad)- culmina en uno de los ejercicios de estilo más sorprendentes del cine europeo moderno, potenciado también por unos FX muy bien logrados.

Pero aunque en el apartado artístico y técnico la película cumpla de sobras, tanto da si todo ello no va asociado a una historia bien estructurada y desarrollada, a una narrativa concisa, a unos personajes bien construidos con los que el espectador pueda identificarse emocionalmente. Su redundancia (no hace más que dar vueltas en círculo), su caótico rumbo y lo que es peor: su tremenda pretenciosidad, lastran a un film que enfocado de otra manera podría haber sido una estupenda pieza fantástica de trasfondo social, similar a “Hijos de los hombres“.

Una fábula distópica excelentemente dirigida pero mal narrada que supone una de las grandes decepciones de este Festival.




HAPPY DEATH DAY (Christopher Landon, 2017)

Una joven estudiante universitaria (Jessica Rothe) reconstruye el día de su asesinato reviviendo tanto los detalles cotidianos como su aterrador final, hasta intentar descubrir la identidad de su asesino.

La célebre productora Blumhouse (“The purge“, “Insidious“, “Sinister“, “Split“, “Creep“, “La visita“) abandona momentáneamente el terror más sórdido y se adentra de lleno en el terreno del slasher adolescente con una entretenidísima cinta sobre bucles temporales. Como ocurría en “Atrapado en el tiempo” (película a la cual hacen un guiño y de paso una puyita a las nuevas generaciones), la protagonista se ve obligada a repetir el día de cumpleaños infinidad de veces hasta descubrir quién es el asesino que se esconde detrás de la máscara. Sin embargo y como ya ocurría en la cinta de Bill Murray, la reiteración convierte a variables en constantes y por tanto a poco a poco irá perfeccionando y aprendiendo a través de la experiencia previa, como si de un videojuego se tratase. A su vez el bucle le permitirá conquistar a un chico y sobre todo mejorar como persona y dejar de ser una de las bitches fatales de la facultad mandando al cuerno a la superficial e insoportable “secta” de la fraternidad a la que pertenece y rompiendo lazos con el profesor al que se tiraba a cambio del aprobado.

No hay una razón lógica del porqué Tree está atrapada en el día de su cumpleaños, ni tampoco pretenden explicarlo en exceso. Podría ser debido a una conexión con su madre fallecida (nacieron el mismo día), a una lección divina o bien a alguna especie de alineación astral o cuántica que la favorece. Desde luego el día sólo se reinicia si ella perece, ya sea asesinada o de otra forma. Aunque resulta divertido ver cómo la protagonista va descartando poco a poco a los posibles sospechosos hasta dar con el auténtico, la resolución del misterio es un tanto precipitada y el desenlace bastante decepcionante (habrá que ver ese final alternativo en la futura edición Blu-ray). Aún así, “Happy death day” es un slasher altamente entretenido, con muertes de todo tipo a cuál más rocambolesca y totalmente autoconsciente de a que sector del público va dirigida. Una lección para enmendar los errores. La muerte como vehículo hacia el cambio, la madurez y la reflexión. El bucle deja de reiniciarse no sólo porque Tree no muere, sino porque ha empezado a valorar las cosas que sí tienen importancia. A empezado a dejar de mirarse el ombligo.

La dirección de Christopher Landon es bastante correcta y dentro del elenco de actores y actrices destaco el papelón que se marca Jessica Rothe, llevando ella solita casi todo el peso del film y funcionando tanto en escenas de terror como en las de humor negro. Perfecta para verla en modalidad maratón junto a otras cintas del estilo.




THE MAUS (Gerardo Herrero Pereda, 2017)

Alex y Selma viajan al corazón de Bosnia-Herzegovina. Sin embargo, su coche se para en medio del bosque. Mientras buscan ayuda, Selma, que sobrevivió a la Guerra de los Balcanes, empieza a sospechar que no andan solos, sino que una fuerza misteriosa les acompaña. Ella se aferra a su amuleto, pero lo que debería protegerla no hará más que invitar a la extraña presencia a que emerja del bosque.

Tras una carrera en el cortometraje francamente buena (sobre todo recomiendo ver “Safari” acerca de las consecuencias fatales de un bullying continuado), había ganas de comprobar el paso al largometraje del realizador asturiano Gerardo Herrero. Desde un punto de vista técnico, como era de esperar, “The maus” está a un estupendo nivel y goza de una planificación y un innegable mimo a la hora de encuadrar planos. Sin embargo, la historia (que por cierto conecta directamente con su anterior corto llamado “Picnic“, también ubicado en un bosque de Bosnia repleto de minas) presenta algunos problemas tales como cierta confusión a la hora de plasmar ideas, su duración injustificada (a veces da la sensación de cortometraje estirado) y su indefinición como producto (estamos ante un thriller con elementos fantásticos que pretende funcionar a la vez como denuncia/reflexión social acerca de los fantasmas y las rencillas todavía vigentes entre bosnios y serbios).

Los personajes no están especialmente bien trazados y les falta tiempo de desarrollo, sin embargo hay que reconocer que Alma Terzic se marca un auténtico tour de force (no podemos decir lo mismo de un inverosímil August Wittgenstein) y Aleksandar Seksan y Sanin Milavic, aunque algo caricaturescos, dan el pego como psicópatas serbios. En general fue vilmente machacada por cierto sector de la crítica, y aunque es cierto que en algunos momentos pueda resultar algo pedante y gratuitamente alargada, creo que la cinta tiene los suficientes elementos positivos como para lograr el aprobado.




BRIMSTONE (Martin Koolhoven, 2016)

Liz lleva una vida tranquila, pero cuando escuche el primer sermón del nuevo reverendo, la joven madre comprenderá que su paz ha terminado y que su pasado la ha alcanzado de nuevo. Comienza así un peregrinaje épico, lleno de sangre y sufrimiento. Dakota Fanning, Guy Pearce y Kit Harington (aka Jon Snow) protagonizan este American Gothic, en cuatro actos y con el mal pisando los talones.

Entonces Jehová hizo llover sobre Sodoma y sobre Gomorra azufre y fuego de parte de Jehová desde los cielos; y destruyó las ciudades, y toda aquella llanura, con todos los moradores de aquellas ciudades, y el fruto de la tierra.” Génesis, 19:24/19:25

Su título (que significa azufre) y su división episódica de claro tono bíblico (revelación, éxodo, génesis y retribución) ya advierten al espectador de lo que está a punto de ver: Un western despiadado y escabroso sobre una mujer muda acosada por un predicador vengativo, enfermizo e incansable. Inspirada claramente en cintas como “La noche del cazador” (Charles Laughton, 1955), “Brimstone” es una historia de venganza, redención, esclavitud sexual, pecado, huída, maltrato, retribución cristiana, supervivencia, incesto, purificación, liberación femenina, abuso de poder (en nombre de Dios) y sacrificio a través de generaciones.

Su estructura acronológica y separada en cuatro actos, unido a unos personajes llenos de alma, personalidad y fuerza (inmensos Dakota Fanning -en un papel de una complejidad extra ya que buena parte de metraje ha de comunicarse a través de la expresión o bien de lenguaje por signos- y un perturbador Guy Pearce que inevitablemente -y salvando las distancias- recuerda al predicador Harry Powell (Robert Mitchum) en la citada cinta de Laughton, sin olvidarnos de la jovencísima Emilia Jones), una historia que atrapa a lo largo de sus casi 150 minutos, una realización y una fotografía cuidadas al máximo y una banda sonora de Junkie XL (“Mad Max: Fury Road“) contundente, convierten a esta epopeya monumental en una de las mejores películas europeas (de nacionalidad holandesa) de los últimos años y en una de las obras más deslumbrantes que se han podido ver en esta 50ª edición del festival de Sitges, aunque el palmarés no lo haya reflejado.




A DAY (Sun-Ho Cho, 2017)

De regreso a casa, Jun-young contempla un accidente en la carretera. Una de las víctimas es su propia hija. A partir de aquí, la escena se le repite, como un fatídico loop, como un trauma del que no puede escapar. Con la ayuda de un paramédico que ha perdido a su mujer, Jun-young intentará salvar lo inevitable, y salir de esa funesta jornada, que se reitera como una versión perversa del día de la marmota.

Cho Sun-Ho coge ideas vistas en films como “Atrapado en el tiempo“, “Al filo del mañana” o “Código Fuente” y la versión 2002 de “La máquina del tiempo“, para construir una estructura narrativa en bucle y derivar en un dramón de padre y muy señor mío. Tras una primera hora excelente y dinámica (que tampoco inventa nada pero entretiene), el film poco a poco va mutando peligrosamente hacia el terreno del melodrama (el temido K-Drama) y tanto el desarrollo como el desenlace resultan bastante decepcionantes, convencionales e inverosímiles.

Una lástima que “A day” no apueste por una fórmula más compleja, rica y perversa teniendo en cuenta las tremendas posibilidades que le da una estructura reiterativa y lo que prometía su rescatable primera mitad. En ese sentido, “Happy death day” sabe potenciar mejor sus recursos.




HOUNDS OF LOVE (Ben Young, 2016)

Perth, 1987. Una noche, Vicki discute con su madre y se escabulle por la ventana para ir a una fiesta. Por el camino se cruza con John y Evelyn, una amistosa pareja que no tarda en enseñar los colmillos, atrapando a la chica en una red de vejaciones y violencia. Una de las experiencias cinematográficas más incómodas de la temporada, que levanta pasiones desde su paso por Venecia.

Ben Young debuta en el cine con este oscuro e incómodo retrato psicológico de una relación tóxica, enfermiza y dependiente que malvive a base de trapicheos y secuestros de jóvenes indefensas. A la vez el film supone un claro alegato feminista contra el maltrato y a favor de la independencia y liberación de la mujer.

El planteamiento de “Hounds of love” es profundamente sórdido y malsano. Una pareja se dedica a secuestrar a chicas y encadenarlas en una habitación insonorizada. Allí las violan repetidas veces y las asesinan para luego enterrarlas en un frondoso bosque de las afueras. Vicki ha sido su última víctima. Es golpeada, amenazada, violada y obligada a escribir cartas de despedida a sus padres y a sufrir toda clase de vejaciones por parte de John, el personaje más siniestro e inhumano de toda la película. Evelyn, su mujer, mantiene todavía un atisbo de humanidad y conciencia y únicamente soporta el maltrato y ninguneo de su marido porque es la única persona que trae dinero a casa y de él depende su manutención. Esta dependencia / sumisión tan extrema se tambalea en cada uno de los ataques de celos que sufre al ver como él prefiere a Vicki como compañera (forzada) de sexo. A su vez Vicki poco a poco se irá dando cuenta de que ese es el punto vulnerable de ella, y le hará replantearse cosas y reflexionar acerca de si es la vida que realmente quiere llevar. Tanto Vicki como Evelyn son dos mujeres apresadas bajo las garras de un tirano. De ahí el magnífico desenlace del film (potenciado por el tema “Atmosphere” de Joy Division) SPOILER con Vicki corriendo para reunirse con su madre tras una escena de una angustia tremenda, y una Evelyn liberada por fin que decide dar un paso adelante e intentar dejar a su manera esa miserable vida FIN SPOILER.

El realizador australiano consigue crear un contraste entre las bellísimas escenas diurnas en ralentí mostrando las calles de Perth a muy pocos fps y las interiores con esa denigrante y sucia habitación del pánico en esa casa del horror que bien podría pasar como el hogar de una pareja de clase baja sin levantar ni un ápice de sospecha. Young jamás se recrea en las escenas más escabrosas y evita lo explícito (siempre que sea posible), usando en bastantes ocasiones el fuera de campo o generando terror a través del sonido (gritos de dolor y angustia, etc..). Sin embargo no todo es oro lo que reluce en este interesante debut, pues la historia creo que podría haber dado mucho más de sí y a los personajes les falta un poco más de desarrollo, sobre todo a los dos delincuentes que parecen construidos de forma algo plana, torpe y poco elaborada. Eso sí, las actuaciones de Emma Booth, Ashleigh Cummings y Stephen Curry, de chapeau. Sacan petróleo de sus personajes y ofrecen secuencias de alta carga dramática y emocional, sobre todo en su tercer acto.




LOVING VINCENT (Dorota Kobiela & Hugh Welchman, 2017)

Primer largometraje compuesto por pinturas animadas, “Loving Vincent” es un film homenaje a Van Gogh en el que cada fotograma es un cuadro pintado sobre óleo, tal y como el propio Vincent lo hubiera pintado. Sus 80 minutos de duración están compuestos por 56.800 fotogramas que han sido pintados, uno a uno, por una gran cantidad de excelentes pintores a lo largo de varios años, todos inspirándose en el estilo y arte magistral de Van Gogh.

Más de 100 artistas a lo largo de unos cuantos años de producción han logrado este espectacular lienzo en vida que investiga los motivos reales de la muerte de Vincent Van Gogh, cómo fueron sus últimos días, con quién se relacionó en su estancia en Auvers-sur-Oise (entre otros lugares), qué desencadenó el ¿suicidio? y también reflexiona acerca del tremendo legado que dejó y de la tristeza de un genio que jamás fue considerado como tal entre sus coetáneos, únicamente vendiendo un cuadro en toda su vida.

Perfecto complemento de la excelente “El loco del pelo rojo” (Vicente Minnelli, 1956), el film dirigido por Dorota Kobiela & Hugh Welchman supone una carta de amor al pintor holandés tanto a nivel formal (evidente) como a nivel narrativo, en donde su figura y todo lo que representaba está tratado con una sensibilidad y un cariño insólito. A la exquisita animación usando técnicas como la rotoscopia pintada plano a plano (un trabajo artesanal de chinos) se une una delicada y trascendente partitura de Clint Mansell, un guión que mantiene el misterio en el espectador durante sus apasionantes 80 minutos y lo que es más importante: emociona. Porque el cine es un vehículo para transmitir (y experimentar) sensaciones, sentimientos y empatía… y “Loving Vicent” está llena de alma.




LA PIEL FRÍA (Xavier Gens, 2017)

En una isla perdida en medio del océano, dos hombres se defienden, noche tras noche, resguardados en un faro, del asedio de unas extrañas criaturas marinas. Sometidos a la extrema tensión, sin entender las razones del ataque, tendrán que replantearse cómo enfrentarse a lo desconocido.

La piel fría” podría haber sido una adaptación libre de la exitosa obra de Albert Sánchez Piñol y enfocar la trama hacia la supervivencia más pura y comercial, sin embargo la película coge un desvío mucho más personal y arriesgado adentrándose en el terreno de la aventura más romántica, darwiniana y clásica con ecos a Julio Verne y Robert Louis Stevenson. La película arranca con una sugerente premisa y posee un cuidado acabado formal (Xavier Gens, Daniel Aranyó y su equipo dota al film de una factura impecable para una producción fantástica española). Una vez aparecen aparecen las criaturas, el protagonista inevitablemente nos recuerda al Robert Neville de “Soy Leyenda” con esa soledad tan abrumadora, la relación con un entorno hostil y el pánico a ser devorado por una especie diabólica. Seres que, como ocurría en la novela de Matheson, no son meros depredadores que se mueve por instintos. Prueba de ello es el inquietante a la par que fascinante personaje encarnado por Aura Garrido, que funciona como núcleo de unión entre ambas especies.

Una historia que aborda temas tales como la evolución, el maltrato inmisericorde entre especies, la adaptación e interacción sobre un ecosistema biológico que se erige como un personaje más, el odio como motor de la destrucción, el romance, la pérdida y el resentimiento. Un relato alegórico sobre seres solitarios y renegados que aúna fantástico con aventura clásica de trasfondo intimista. Las actuaciones, un notable acabado técnico y el espectacular entorno son las mejores bazas de un film a la postre un tanto desaprovechado debido a su excesiva frialdad, escasa vinculación emocional con el espectador y su limitado carisma.




BRIGSBY BEAR (Dave McCary, 2017)

James es el único espectador de “Brigsby Bear”, un programa infantil que le ha enseñado todo lo que sabe de la vida. Cuando el show finaliza sus emisiones inesperadamente, el joven deberá aprender a vivir en un mundo sin Brigsby y gracias a sus nuevos amigos se pondrá delante y detrás de las cámaras para finalizar la historia como a él le gustaría.

Dave McCary debuta en el largometraje cinematográfico -anteriormente sólo había hecho televisión- para regalarnos una comedia tierna y excéntrica a partes iguales, que recuerda temáticamente a cintas como “El show de Truman” y visualmente a cualquier obra de Michel Gondry, salvando las distancias. James es una persona que ha vivido aislada junto a sus progenitores y obsesionada por un programa de televisión creado y diseñado para su educación. Un buen día el show termina y es liberado, lo que le obliga a replantearse una vida que giraba entorno a dicho programa y a salir de su cueva particular. En el mundo exterior se siente extraño, sumamente inocente y sin habilidad social alguna pero poco a poco irá haciendo amigos y contándoles sus sueños, ilusiones y su amor pasional por Brigsby.

Como historia acerca de la creatividad (a todos los niveles) como motor de nuestras vidas y la obsesión por cumplir un sueño por imposible que parezca, la película funciona a las mil maravillas, sin embargo resulta poco creíble la inmediata recepción social de un freak estrafalario como James al que le ríen sus excentricidades y le toleran su humor bizarro (en la vida real ese tipo sería carne de bullying, lamentablemente) y el total apoyo de gente semidesconocida para llevar a cabo un proyecto excesivamente personal y marciano.

De todas formas, todo eso queda indultado por ser un film que rebosa sensibilidad, humildad, tacto y profundo amor por el séptimo arte y por esos creadores que hasta se hipotecan la casa con tal de llevar a buen puerto su visión, su obra, su historia. También nos habla del sentimiento de pérdida, de esa desazón y vacío emocional que es rellenado a base de hobbies y proyectos ilusionantes, de sentirse realizado. Para el recuerdo queda el encuentro en la cárcel entre James y su padre Ted (Mark Hamill), aceptando éste grabar la voz de Brigsby Bear por última vez y así colaborar en la película. Emotiva y nostálgica cinta que reivindica el frikismo, la constancia de unos creadores apasionados y la imbatible energia y entrega del cine de serie Z. Porque jamás debemos lapidar a nuestro cálido y bondadoso lado infantil.



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