Crítica: “El renacido” (Alejandro G. Iñárritu, 2015)

renacidoLa justicia del creador:

Este texto no contiene spoilers o algún tipo de dato sensible respecto a la trama. Lo que se comenta de ella ya aparecía en los trailers, pero se recomienda haber visto la película antes de proceder a su lectura ya que así resultará más satisfactoria.

Año 1823. Una expedición de tramperos que recolectan pieles en el territorio septentrional de Luisiana (actualmente los estados norteamericanos de Dakota del Norte y Dakota del Sur) sufren una emboscada por un grupo de indios, perdiendo el género y parte de sus hombres. En su regreso al fuerte por tierras inhóspitas, el explorador Glass (Leonardo DiCaprio) resulta gravemente herido por el ataque de un oso grizzly y es abandonado a su suerte por un traicionero miembro de su equipo, John Fitzgerald (Tom Hardy). Con la fuerza de voluntad como su única arma, Glass deberá enfrentarse a un territorio hostil, a un invierno brutal y a la guerra constante entre las tribus de nativos americanos, en una búsqueda implacable para conseguir vengarse.

Mientras en la trilogía de la muerte formada por ‘Amores Perros‘, ‘21 gramos‘ y ‘Babel‘, Alejandro González Iñarritu recurría a un tremendismo tan inverosímil como manipulador, a una búsqueda artificial de planos/postales imposibles, a montajes acronológicos sin ningún tipo de justificación y a una pedantería formal de lo más cargante, en “El renacido” se libera de todos esos lastres y ofrece un producto honesto y valiente. Dejando de lado ‘Biutiful‘, película horrorosa se mire por donde se mire (desde esa fotografía excesivamente oscura a unos diálogos que ni se oyen ni se entienden), el cineasta mexicano parece haber dado un giro de 180 grados a su carrera a partir de ese film-experimento maravilloso llamado ‘Birdman‘, un complejísimo ejercicio de estilo que dejó absolutamente boquiabierto al espectador más exigente. Y es que, si algo hay que agradecer tanto a Iñarritu como a Alfonso Cuarón, es su pasión extrema por el plano secuencia (toda una gozada para el espectador) y su perfeccionamiento en ese terreno a lo largo de los años. Hay que quitarse el sombrero ante estos dos maestros.

En las profundidades de la América salvaje, apenas existen seres civilizados. Todos batallan contra todos. Unos para mantener sus tierras y la memoria de sus antepasados, otros para conquistarlas en busca de pieles y luego están aquellos que se ven obligados a emigrar para que su raza no alcance la extinción. El asesinato, la violación y el mercadeo está a la hora del día. Las sangrientas emboscadas y el ojo por ojo se ha vuelto algo cotidiano. El lado más salvaje y despiadado del ser humano ha conquistado a la razón. Son los tiempos previos a las grandes guerras indias. Una época de férrea competencia entre ingleses, franceses y norteamericanos enviados en expediciones a territorios hostiles e inhóspitos en busca de pieles. Ahí empezaron a verse indicios de que la convivencia entre blancos y pieles rojas iba a ser imposible.

Hugh Glass (Leonardo DiCaprio) representa el puente entre ambas culturas. La esperanza en un mundo salvaje. El honor y el peso de la pérdida. Sangre derramada que muta en venganza espiritual. Fango, frío y calamidades para saciar esa sed que le consume por dentro. Cientos de kilómetros recorridos. Heridas emocionales que jamás podrán cicatrizar. Amaneceres alimentados por el odio. Enterrado antes de tiempo y dado por muerto, renace arrastrándose por tierra y nieve, luchando contra la madre naturaleza. Maltrecho por el ataque brutal de un oso grizzly, avanza poco a poco hacia su objetivo, primero agarrándose a rocas y con los días apoyándose en troncos. Da igual que su cuerpo se esté pudriendo. No importa que tenga que bajar unos rápidos sin ningún tipo de embarcación huyendo de los akikaras. La venganza final es cosa del creador, pero él quiere ser partícipe de ella. Saborear ese momento es lo que da sentido a su existencia. Su vínculo pawnee pide sangre y justicia. Y aunque muera en el intento, no descansará hasta que todo haya terminado. Hasta que el miserable haya pagado su deuda.

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La montaña de la vergüenza. La derrota de la razón.

El renacido‘ es ante todo una experiencia inmersiva. Un survival extraordinario que atrapa al espectador y no lo suelta durante sus 156 minutos. Algunas personas se han quejado de la duración de la película afirmando que es demasiado dilatada para lo que tiene que contar. Un servidor no está para nada de acuerdo. Mostrar el camino, las penurias y calamidades, la lucha titánica de un hombre por honrar la memoria de su hijo es vital para poder comprender al personaje. Acompañarle y ser testigo de su sufrimiento es absolutamente esencial para poder empatizar con su venganza y su renacimiento espiritual consquistado a base de supervivencia extrema.

El trabajo con la luz de Lubezki unido a esos momentos poético-oníricos que abrazan al género fantástico, evocan al cine de genios de la talla de Tarkovsky, Malick y Kubrick. El paisaje es sin duda uno de las grandes protagonistas del film. Esas montañas nevadas. Esos ríos que invitan a una muerte segura. Esas tormentas que hielan el rostro de aquellos que osan desafiarlas. La cadena alimentícia llevada hasta el plano más miserable. El contraste creado entre la majestuosidad y poderío de la madre naturaleza y el insignificante lugar del hombre. Un diminuto punto negro en toda una inmensidad blanca.

Seamos francos. Si este film con esta historia hubiera caído en manos de un cineasta menos radical y con un equipo artístico algo más mediocre, el resultado hubiera sido muy diferente. ‘El renacido‘ se sustenta en dos pilares fundamentales que la elevan a la categoría de joya: 1) su exquisitez y perfección formal y 2) el enorme trabajo actoral del dúo protagonista. A parte de la impecable factura fotográfica (tanto en interiores como en exteriores) obra del citado operador mexicano, la estrella del film es sin duda Iñarritu, el cuál nos regala una auténtica clase magistral de planos secuencia, a cual más complejo (técnica y logísticamente) y fascinante. Su carta de presentación la encontramos en el frenético arranque de la cinta, donde a través de varios planos secuencia (trucados de forma extremadamente hábil) se nos narra una salvaje emboscada. Una escena que es la mejor que un servidor ha visto en una sala de cine en años, sin exagerar. A partir de ahí, prosigue su apuesta por cortar lo mínimo, por desnudar dramáticamente a sus personajes (excelente su labor en la dirección de actores como siempre), por intentar encuadres imposibles, por adentrar al espectador en la experiencia y hacerle partícipe de ella.

Dentro del elenco artístico destacan dos nombres por encima del resto: Leonardo DiCaprio y Tom Hardy. Dos papeles llenos de fisicidad, tan exigentes como completos y con un trabajo vocal (algo que casi nadie dice) espectacular. Mientras DiCaprio habla en deje pawnee, Hardy por su parte fuerza un marcado acento tejano (algo a alabar puesto que él es británico). No hace falta decir que en versión doblada todos esos matices se perderán, por eso siempre que sea posible es recomendable ver las películas en VOSE. Tras el atraco de hace un par de años con ‘El lobo de Wall Street‘ ya va siendo hora que DiCaprio sea reconocido con una estatuilla. Su trabajo en ‘El renacido‘ es colosal se mire por donde se mire. De una entrega total. Nuestro querido fofisano se deja literalmente la piel encarnando a Hugh Glass. Se arrastra, come hierba e hígado crudo, traga tierra a mansalva, le destroza un oso, baja unos rápidos a pelo y convierte a su caballo en un inesperado iglú. ¿Qué más se puede pedir?. Además su trabajo es realmente admirable teniendo en cuenta que se trata de un proyecto casi mudo que basa toda la acción en lo físico.

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El insignificante lugar del hombre ante la inmensidad de la madre naturaleza.

Aunque Iñarritu haya querido apostar por la continuidad y naturalidad que le otorga el plano secuencia y rodar todo en escenarios naturales (como debe ser, que ya estamos hasta las narices de tanto background croma, verdad Lucas?), el film posee numerosos efectos especiales en determinados momentos. Quizás la escena más notable por su impresionante realismo y brutalidad sea la del sangriento ataque del oso grizzly al personaje interpretado por Leonardo DiCaprio. Un oso (digital) que una gran parte del público cree que es real. No hay mayor piropo que ese.

Por último decir que recomendamos encarecidamente disfrutar del film en la sala Phenomena de Barcelona donde es proyectada en 4K y con sonido Dolby Atmos. Impecable proyección y un sonido espectacular (brutal cómo suena la banda sonora y el sonido de los bosques). Como ocurría con ‘Mad Max: Fury Road‘, verla allí es otra cosa.



LO MEJOR: Una de esas películas de supervivencia valientes, crudas y arriesgadas. Una lección maestra de planos secuencia e iluminación. Un duelo actoral para el recuerdo. Una combinación entre poesía visual (la montaña de cráneos de búfalo, la caída de meteoritos, la mujer en levitación, el segundo “bautizo” en la iglesia en ruinas) e hiperrealismo salvaje. Y sobre todo, una experiencia sensorial absolutamente inmersiva que no olvidarás.

LO PEOR: El main theme de la banda sonora se repite un poco en algunos momentos pero nada importante.


Título original: The revenant.
Año: 2015.
Duración: 156 min.
País: EEUU.
Director: Alejandro G. Iñarritu.
Guión (basado parcialmente en la novela de Michael Punke): Mark L. Smith y A.G. Iñárritu.
Música: Ryuichi Sakamoto y Carsten Nicolai.
Fotografía: Emmanuel Lubezki.
Reparto: Leonardo DiCaprio, Tom Hardy, Domhnall Gleeson, Will Poulter, Forrest Goodluck.
Productora(s): New Regency, Anonymous Content y RatPac Entertainment.
Distribuidora: 20th Century Fox.
Trailer HD 1080p:


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1 Comentario

  1. fran camacho dice:

    EL RENACIDO.
    La dicotomía entre la recuperación para buscar una venganza o la lucha por sobrevivir, de buscar una superación que nunca se persigue ni encuentra, nos presenta el último título del doble premiado Iñárritu, que basado en una dramatización de la historia real de Hugh Glass, que trabajando como guía para un grupo de trampero, junto con su hijo Hawk, y que tras ser atacado por una osa grizzly, es abandonado a su suerte por Fitzgerald, el más anárquico de los integrantes de la expedición.
    Por el contrario de lo que muchos espectadores comentan, la interpretación de Di Caprio es magnífica, visceral, llena de matices, miradas y lamentos, para mi modesta opinión, muy por encima de la protagonizada en El Lobo de Wall Street, no tenía esa profundidad que sí veo en esta ocasión. ¿El gran problema?, tiene al lado a un Hardy que lo borda, que se convierte en un robaplanos. Mención también para el joven Pouter (Bridger) que hace un papel bastante digno.
    Inmensa fotografía, rodada casi íntegramente con luz natural, de la que se abusa en ocasiones de los contrapicados para mostrarnos el cielo, su pureza, su inmensidad, siempre con matices distintos en cada ocasión (lluvia, chispas de la hoguera, nieve), aunque es injustamente tratada como una sucesión de salvapantallas, al igual que el uso del gran angular en las batallas que se hace por momentos, mareante. Imprescindible verla en pantalla de cine, este título, perderá toda su fuerza si es visto en un televisor.
    Spoilers
    Qué lleva a Grass a buscar la supervivencia? La venganza? La misma supervivencia a la que cualquier ser humano se aferra inconscientemente? Dramatizada sobre los hechos reales acaecidos en el primer tercio del siglo XIX, cuenta la historia de Glass, que es abandonado por quien quedó para enterrarle cristianamente ante su inminente muerte y empieza con el ataque de los indios arikara en el campamento de los tramperos, ese comienzo, que les hace huir precipitadamente sin el trabajo de toda la temporada, les empuja río abajo buscando salvar la vida. Curiosamente, el Jefe Arikara busca exactamente lo mismo que luego empujará a Glass a recorrer más de 400 kilómetros, de ahí su férreo y obstinado peregrinar y atacar a todos los extranjeros con los que se va encontrando. En la huída, Grass se adelanta para ir abriendo camino y es atacado por una osa grizzly que sólo defiende a sus oseznos, que junto con el ataque inicial y la pelea final, es lo más impactante del film.
    Prácticamente dado por muerto, y ante la inminente llegada de los indios que ya atacaron el campamento anterior, es dejado a su suerte, viendo como es asesinado su hijo. En la historia real, el motivo de la venganza es mucho más peregrino, no tiene ningún hijo, no le matan a nadie ni se le conoce matrimonio, pero buscar al Fitzgerald para darle dos hostias por haberlo abandonado, sonaba muy peregrino, que es lo que realmente pasó.
    La transición es lenta, no es un western (falta muchos años para que se acuñe el hecho histórico en sí), no es una película de superación, no lucha por algo mejor, no lucha por mejorar, sólo por sobrevivir, pero dentro de esa transición, busca mostrar que el tiempo pasa lentamente mientras se recupera y emprende el viaje en busca del asesino de su hijo.
    El tramo medio nos lleva por la inmensidad de los parajes naturales y el lento devenir de las inclemencias climatológicas, unido al constante acoso de los indios, con un jefe, que se muestra lleno de odio en busca de su hija Powaqa.
    La parte final muestra una película donde los cuchillos cortan y hacen daño, donde no se para un navajazo con las manitas, no es una lucha coreograrificada, no es una escena de lucha estética, es una pelea de bajos instintos, marrullera, creíble.
    voy a ser un poquito más malo aún, este final tan épico, de dejar a Fitzgerald a su suerte, nunca se produjo, no pudo hacerle absolutamente nada al haberse enrolado en el ejército y curiosamente fue muerto diez años después en una lucha con ¿Quién? Los indios Arikara que en el film, le perdonan la vida al haber salvado a la joven india.

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