Crítica: “Spider-man” (Sam Raimi, 2002)

31 de julio del 2011  Autor: Gencinexin

La génesis del superhéroe más humano:

Independientemente de lo que me depare esta vida, nunca olvidaré estas palabras: Un gran poder conlleva una gran responsabilidad. Esa es mi virtud y mi maldición.” (Peter Parker)

Peter Parker (Tobey Maguire) es un tímido estudiante de preparatoria, intelectualmente brillante pero poco hábil socialmente. Él vive en el vecindario de Forest Hills, en el distrito neoyorquino de Queens junto a sus tíos Ben (Cliff Robertson) y May (Rosemary Harris). Peter a su vez está enamorado de su vecina Mary Jane Watson (Kirsten Dunst) pero es demasiado tímido para acercársele. Peter cuenta con su mejor amigo, Harry Osborn (James Franco), quien lo defiende siempre de las burlas de sus compañeros de la escuela y es hijo de Norman Osborn (Willem Dafoe), presidente de la manufacturera de guerra Oscorp, que provee armas al Ejército de los Estados Unidos.

Durante una visita a un laboratorio de genética de la Universidad de Columbia es mordido por una araña genéticamente modificada, esto provoca en él un cambio que le otorga poderes sobrehumanos arácnidos: fuerza proporcional a la de una araña, capacidad de adherirse a las paredes, capacidad para segregar y lanzar redes similares a las telarañas por las manos y un «sentido arácnido» que le advierte de los peligros que le pueden acechar.

Tras varios años en una especie de limbo legal y diversos retrasos debido a limitaciones tecnológicas (está claro que no era un film factible en los 80 o 90), a principios de la década pasada Columbia daría luz verde a uno de los proyectos más esperados y ambiciosos: la adaptación a la gran pantalla del famoso superhéroe arácnido. Podrían haberse hecho las cosas dando preferencia únicamente al aspecto económico y ofreciendo una película más sobre superhéroes con un sinfín de efectos especiales pero totalmente vacía de contenido. Sin embargo, el resultado fue totalmente lo contrario. Apostaron por un equipo técnico y artístico de calidad que ofreció un producto serio, adulto (como la maravillosa “Hulk” de Ang lee, otra adaptación modélica) y sobre todo que conseguía algo que casi ninguna cinta del subgénero ha logrado conseguir: emocionar al espectador.

Peter Parker en el concurso de lucha libre.

Lograron reunir a un buen director con personalidad propia como Sam Raimi (fanático confeso de los cómics creados por Stan Lee y Steve Ditko), a un buen guionista como David Koepp (nada de tener a mil guionistas como otros blockbusters en donde el libreto no para de sufrir reescrituras y arreglos), a un elenco de actores sensacional con una gran química entre ellos, a Danny Elfman en la banda sonora (colaborador habitual de Tim Burton y con alguna que otra soundtrack de superhéroes en su haber), a Arthur Coburn y Bob Murawski que apuestan acertadamente por un montaje cercano al cómic -aunque no tan creativo como el visto en “Hulk” de Ang Lee- y a un equipo de FX de contrastada experiencia.

Para el que esto escribe, la saga “Spider-man” de Sam Raimi es un proyecto atípico dentro del cine de superhéroes más al uso. Mientras que otras cintas buscan el espectáculo pirotécnico sin parar atención en algo básico como es la narración, en la saga del famoso trepamuros priman las relaciones entre personajes a la acción pura y dura, consiguiendo no solo empatizar con los personajes (nos importa lo que les pase en pantalla, emocionándonos o entristeciéndonos) sino a la vez sentirnos identificados con ellos. El buen trabajo con los personajes se puede ver ya desde el primer minuto -tras unos títulos de créditos magníficos acompañados por la brillante partitura de Elfman-, con esa excelente forma de presentar a Peter Parker (con guiño a “Forrest Gump” incluido), diciéndonos que lo que vamos a ver es el fondo una historia de amor. Toda una declaración de intenciones.

Peter es un chico intelectualmente brillante aunque tímido, retraído y alejado del prototipo de chico que gusta a la mayoría de chicas. Él está enamorado de su vecina Mary Jane (aquí no hay ni rastro de Gwen Stacy hasta la tercera parte) y entre ellos aunque aparentemente no tengan demasiado en común y parezcan socialmente incompatibles, existe cierto feeling o vínculo que hace que haya cierta conexión agradable y cercana. Mary Jane (Kirsten Dunst) vive en un entorno familiar un tanto hostil y prefiere refugiarse en amigos cool que se dedican a pasear su chulería y a presumir de coches pero que en definitiva no le dan el cariño que al final acabará deseando.

Peter Parker experimentando con sus nuevos poderes.

Por otra parte Peter cuenta con Harry (James Franco) su mejor amigo del colegio, menos inteligente que él pero más hábil socialmente. Harry es hijo de Norman Osborn (Willem Dafoe), presidente de la empresa Oscorp, encargada de proveer armas al ejército estadounidense. Pero dichos personajes por las circunstancias acabarán siendo rivales y enemigos del en un principio admirado Peter Parker. Mientras Peter Parker debido a una picadura de una araña radioactiva se transforma en Spider-man, Norman Osborn debido a un accidente al probar un suero supersoldado, el cual sólo había sido probado en ratas de laboratorio, se duplica su personalidad (la nueva sería la del duende verde) y obtiene grandes sentidos sobrehumanos. Para diferenciar dichos polos opuestos, la cinta de Raimi apuesta por dos tipos de fotografía bien diferenciadas. Si para Peter Parker / Spider-man tenemos colores más vivos (predominando el rojo) y naturalistas, para Norman Osborn / El duende verde la cosa se decanta más hacía tonos ligeramente verdosos con mucha menos luminosidad. Incluso en las escenas en que ambos coinciden como la graduación o la comida con Mary Jane, Harry y tía May hay predominio del verde.

Posiblemente lo más interesante del film sea como evolucionan los cuatro personajes principales de forma tan gradual y progresiva, y como se construyen sus vínculos emocionales: odio, renuncia, rencor, amor, compromiso o responsabilidad. La grandeza de Spider-man radica en que es un superhéroe tremendamente humano, con una innegable bondad y unos sentimientos sinceros. Aquí no tenemos a un extraterrestre como Superman o a unos mutantes como los X-Men. Como buen héroe que es, antes tenemos al hombre corriente, que debido a un accidente se transforma en un ser con poderes sobrenaturales pero que no pierde su esencia humana.

Una de las quejas más sonadas que recibió esta primera entrega fueron las licencias que se toma respecto a los cómics originales. Allí Peter Parker está enamorado de Gwen Stacy, Mary Jane no es tan popular en el colegio, el duende verde tiene un aspecto totalmente diferente, Spiderman no lanzaba tela de araña de forma natural, la posición de los dedos era porque tenía que pulsar un botón en la muñeca para activar un dispositivo que él había fabricado, Spiderman no podía aguantar el peso de un teleférico y tenía cierta ironía con sus enemigos cuando se enfrentaba a ellos, algo que en el film apenas queda reflejado. Independientemente de estas licencias que podrán gustar más o no (y que para nada empañan el resultado final), estamos ante una adaptación que aún no siendo fiel al 100% resulta más que digna (por no decir ejemplar) y que mantiene el espíritu de los personajes y el sabor añejo. Y es que uno de los puntos fuertes del film es su marcado estilo clásico en la narración.

Mary Jane (Kirsten Dunst), Harry Osborn (James Franco) y su padre Norman (Willem Dafoe).

Sin embargo, dista de ser un film perfecto debido justamente a unas escenas de acción no siempre consistentes y a un villano un tanto mejorable. Las escenas de lucha y los efectos visuales no han aguantado bien el paso del tiempo tiempo y en ocasiones cantan demasiado a la vez que poseen un aspecto cercano al videojuego (la escena de Parker saltando las azoteas o las luchas entre spidey y el duende verde a plena luz del día son dos ejemplos de ello). El diseño de vestuario también tiene su lado negativo. Aceptamos el traje de Spiderman que sigue el estilo más clásico, pero el rediseño que ha sufrido el duende verde no sólo no consigue su objetivo de inquietar al espectador sino que más bien parece un Power Ranger verde encima de una especie de monopatín volador sacado de la saga “Spy Kids“. Es una lástima porque a diferencia de lo que opinan otros, un servidor si que cree que Willem Dafoe cumple notablemente con su personaje (rozando en algunos momentos la sobreactuación pero sin pasarse), aunque se echa en falta que sea más canalla y vil (aquí ganaría por goleada el Joker de Nolan).

Como ocurría en “Batman” (tanto las de Burton como las de Nolan) o en “Superman” de Richard Donner (de la cual hay varios homenajes en el film que se comenta en estas líneas), aquí también encontramos una gran parte del metraje en donde conocemos sus orígenes y a la parte humana del héroe. Sin duda, “Spider-man” (como quedaría potenciado en su notable primera secuela) es un film mucho más interesante y funciona mejor cuando aparece Peter Parker que cuando lo hace como superhéroe arácnido, por tanto, estamos ante una propuesta más cercana al drama sobre el autoconocimiento con trasfondo amoroso que a otra cinta vulgar más, plagada de efectos pero sin alma.

Raimi es capaz de dotar al film de un ritmo vertiginoso (gracias a un montaje eficiente) y deja ciertos detalles de su peculiar estilo y su mala leche (en este caso controlada). Para nada un servidor está de acuerdo con aquellos que han despotricado de la labor de Raimi tras las cámaras, ya que no sólo es un cineasta capaz de sacar petróleo de un blockbuster destinado a las grandes masas y de ofrecer un film de superhéroes excelente (recordad lo que hicieron otros con por ejemplo “Daredevil“) sino que además posee una trayectoria llena de films interesantes, desde algunas piezas de incuestionable culto como la trilogía “Evil Dead“, thrillers de la calidad de “Un plan sencillo” o marcianadas ultradivertidas como la extraordinaria “Arrástrame al infierno“.

J.K.Simmons construye uno de los mejores y más carismáticos personajes del film.

En cuanto a los actores, maravillosos todos. Tobey Maguire como Peter Parker / Spiderman (por muchas críticas que haya recibido calificándole de bobalicón) está sencillamente perfecto en una actuación que sobresale más como el tímido Peter Parker que como el superhéroe trepamuros pero que sin embargo funciona en ambos casos. Kirsten Dunst como Mary Jane Watson rezuma humanidad en cada una de sus miradas y sus sonrisas, y cuya química con Maguire es básica para el transcurso de la historia. Willem Dafoe, actor de oficio como pocos, construye un villano eficaz voluntariamente exagerado y ligeramente sobreactuado pero que cumple con su función tratándose de un personaje mejorable.

James Franco como el hijo de Norman Osborn es una de los atractivos de la saga, sobre todo por como evoluciona hacia lo que fue su padre. Los tíos de Spiderman: Ben encarnado por Cliff Robertson (visto en la magnífica “Fascinación” de Brian De Palma) o May (Rosemary Harris) representan el lado familiar y más cercano de Peter, el apoyo incondicional y su enlace a sus humildes orígenes. Las escenas del diario Daily Bugle en donde aparece su jefe J. Jonah Jameson -un tipo siempre en busca de la portada más polémica y explosiva posible, sea cierta o no-, interpretado brillantemente por J.K.Simmons, son sin duda el lado cómico más acertado del film (junto a la escena un tanto surrealista de las entrevistas a la gente de la calle), con un humor ácido y un ritmo más bien propio de una screwball comedy de antaño. Mención especial también para el bueno de Bruce Campbell (actor fetiche de Raimi y protagonista de la trilogía de “Evil Dead“) que aquí aparece en un cameo breve pero no menos importante.

Mientras que otros films del subgénero buscan el espectáculo pirotécnico sin parar atención en algo básico como es la narración, en “Spider-man” priman las relaciones entre personajes a la acción pura y dura, consiguiendo no solo empatizar con ellos (nos importa lo que les pase en pantalla) sino a la vez sentirnos identificados con sus vivencias creando un vínculo emocional entre personajes y espectador. Su visión cercana y personal alejada de todo tremendismo unido a un clasicismo en su puesta en escena de lo más nostálgico, es lo que la hace tan grande. Y es que todo superhéroe puede ser cuestionado, odiado, incomprendido o imperfecto, pero su lado más humano, su esencia como persona, es lo que realmente define a su alter ego bajo la máscara. Esto no es otra cinta de superhéroes al uso sino más bien cine dramático de corte romántico que nos cuenta una historia bien estructurada cuyos personajes jamás resultan desdibujados, que emociona honestamente sin caer en la manipulación y que aborda temas como el autodescubrimiento, el honor, la responsabilidad, la renuncia, el existencialismo, los sentimientos o la vulnerabilidad.


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