Crítica: “Nadie Sabe” (Hirokazu Kora-Eda, 2004)
El gran Kora-Eda, nos regala (porque esto es un regalo) una película ya no solo sorprendente y real como la vida misma, sino a parte imprescindible dentro de la cinematografía contemporánea, en mi opinión.
Con ecos a cineastas como Michelangelo Antonioni, Alfred Hitchcock u otros locales como los mismísimos Kurosawa, Mizoguchi o Kitano, Kora-Eda construye en Nadie Sabe un retrato sobre la madurez, sobre la crueldad de la vida, sobre lo que realmente significa alcanzar la madurez siendo un niño y lo que conlleva eso.
Sin dudarlo, una de esas grandes películas sobre la pérdida de la inocencia y un film absolutamente rosselliniano y neorrealista (escenarios reales de Tokio, luz naturalista, actores no profesionales, situaciones extremas y que nos muestra la dura realidad sin artificio alguno).
La labor de dirección del director es realmente rozando la perfección, con un tono con a veces toques que nos recuerdan a algunos films indies y con un tratamiento absolutamente documental de la trama sin ningún tipo de artificio ni nada por estilo. Se mueve en muchas ocaciones rozando el género documental, el cual tiene una finisima linea con el ficción.
El argumento del film trata de 4 niños que viven tranquilamente con su madre en un pisito de Tokio. Ninguno tiene el mismo padre y tampoco han ido nunca al colegio. El propietario del piso ni siquiera conoce a tres de ellos (ya que los transportaban en una maleta para que les dejaran coger el piso). Un buen día, la madre desaparece dejando un poco de dinero y una nota para que el mayor se ocupe de sus hermanitos. Así empieza una nueva vida para los cuatro niños que sólo se tienen a sí mismos, una vida que nadie sabe. Cruelmente abandonados, los cuatro se arreglan para sobrevivir en su pequeño mundo en el que fijan sus propias reglas. Pero al enfrentarse al mundo exterior, se derrumba el frágil equilibrio que habían conseguido mantener.

Y de eso exactamente va el film, de como sobrevivir en la vida, de como enfrentarse al mundo exterior, de como llevar una família sin saber hacerlo, de como querer llorar y no poder hacerlo, de ser responsable cuando jamás lo has sido, de madurar cuando se es aún inocente, de perder la ilusión de jugar y solo pensar en como acabar el dia con algo de comer.
Nadie Sabe es un film realmente sobrecogedor por su mensaje, por su compromiso y por su honestidad.
El guión es sabio, muy sabio y está lleno de verdades. Kora-Eda tardó 15 años en poder plasmarlo en la pantalla y la espera ha merecido la pena, ha conseguido hacer una gran película.
Los actores del film no son actores profesionales (los niños y niñas), y la madre solo era actriz de tv en japón y Nadie Sabe supone su debut en el cine. Todos y todas están fantásticos pero sobresale uno entre todos y es sin dudarlo Yûya Yagira en el papel de Akira, es al que la madre le responsabiliza de la situación y le deja a su cargo a toda la familia. Un niño que a pesar de su corta edad es capaz de razonar y reflexionar como alguien mayor y no caer en la delicuencia juvenil cercana a su barrio. Un papel escandalosamente memorable, en serio, ganó merecidamente el premio al mejor actor en el Festival de Cannes. Su expresión toca tantos registros, y representa tan bien la lucha diaria del personaje y la pérdida de su infancia. Fantástica actuación y puro sentimiento real.

Verle en la última escena del film con una canción que resume el film a la perfección, ésta es su letra:
“Cuando le pedí al cielo de medianoche
que las estrellas simplemente brillasen.
En el negro lago de mi corazón derretido
solo puedo fluir.
¿Me dará el ángel todavía una mirada al pasado?
¿Quieres esparcirte en mi corazón?
El viento del invierno que llega mece las olas,
llamándome en la oscuridad.
Con ojos tan marchitos como el hielo
me hago mayor y maduro
una joya con un fuerte hedor
que no permite que nadie se acerque
Ohhhhh Ohhhhh”
Por cierto, el film se estrenó en España primero en el BAFF para luego estrenarse en contadas salas y posteriormente Cameo la editó en dvd.
En definitiva, estamos ante una película que sé que a muchos no gustará y a otros si. Un film de duración quizás recortable (142 min) pero que supone sin dudarlo una de las cumbres cinematográficas japonesas del 2004. Una de las grandes peliculas sobre la pérdida anticpiada de la inocencia.










  Vomitiva.

Vaya, no conocía tu blog. Con tu permiso, te enlazo y me suscribo y ya te leo con más calma.
Un saludo.
Muchas gracias Josmachine, ya has visto que tu fantástico blog ya forma parte de mis links
Un saludo y perdona no haberte contestado antes !!
No hay nada que perdonar.
Un placer leerte.
Un saludo.
alguien sabe q paso realmente con estos chicos? me refiero al caso real q inspira a la pelicula ocurrido en 1988 y q sacudio a la opinion publica japonesa?
Hola max
Pues no. La cosa no pintaba muy bien para esos niños la verdad, no sé como acabaría todo, quizás recibieron algún tipo de ayuda si llego a la prensa el tema, no lo sé.
Eso si, Kora-Eda usa esa historia para regalarnos un film plenamente neorrealista y de una categoría prácticamente insuperable.
Un saludo
si, el film es supremo. tiene los vicios del cine asiático en general, me refiero a alguna lentitud en algunos tramos, pero no desentona para nada el plano en largo silencio ni el simbolismo q evoca toda emotividad.
lo único q se del caso real es que los niños vivieron su aventura durante 6 meses hasta q una tragedia terminó con su aventura y q el caso convulsionó a la sociedad japonesa.