Tras realizar en Alemania joyas de un valor cinematográfico incuestionable, F.W.Murnau ,huyendo del creciente nazismo, empezó en 1927 su andadura en los USA con Amanecer, un film de corte romántico y con un marcado tono expresionista importado por él y por otros compatriotas. Más que destacar a nivel narrativo (recordemos que se basa en una novela de dudosa calidad), es en la forma en donde brilla con luz propia. La cinta de Murnau consigue atraparnos visualmente en una historia de redención, perdón, culpa, tentaciones, y ante todo, romanticismo y sensibilidad.
Amanecer, supone un claro ejemplo de lo que realmente puede llegar a ser la denominada fuerza visual, el poder de la imagen por encima de la palabra, unido a una casi ausencia de intertítulos, los cuales no solo podrían eludirse sino que muchos de ellos son usados como narrativa visual (véase como nos deforma los títulos o los agranda para darles más importancia), convierten a este film en una de las cimas del mudo.
La película nos narra la historia de un hombre y una mujer, aparentemente anónimos, ya que nunca descubren sus nombres, unos personajes que están al servicio de la historia, que viven en armonía (reforzado narrativamente con el flashback) en un pequeño pueblo con su hijo y su sirvienta. Poco después, descubriremos como el marido tiene una amante, un personaje que representa metafóricamente la tentación, el riesgo, la aventura y en definitiva el mal.
Murnau nos hace voyeurs para presentarnos al personaje, en un fantástico travelling, en donde deja a George O’Brien fuera de campo momentáneamente para pasar a cámara subjetiva y hacernos participes del adulterio que se va a llevar a cabo. Nos lo presenta en una ciénaga en plena noche, claramente como si fuera algo prohibido, algo malvado en un entorno repleto de oscuridad, contrarrestando a las escenas con su esposa, las cuales rebosan luz.
En esa escena ya se nos introducen dos elementos importantes: las sobreimpresiones (en este caso de la ciudad), que iremos viendo durante el resto del metraje con cierta abundancia, y el flashforward (en donde Murnau lo usa como “intertitulo visual”).
Hagamos un análisis de esta escena, la escena del encuentro entre George O’Brien y Margaret Livingston.
La escena se inicia con un travelling en donde la cámara sigue al personaje de George O’Brien a través del bosque.

Murnau nos presenta una noche oscura, como si algo oscuro y siniestro pudiera ocurrir.

Sigue el plano secuencia, únicamente variando el ángulo de detrás a lateral.

En este instante siguiente deja fuera de plano momentáneamente a G. O’Brien (indicando que claramente algo se encuentra cerca de él) y pasamos a la cámara subjetiva (por cierto una filmación sabiamente utilizada en films como “Senda tenebrosa” (1947) de Delmer Daves).

La amante (Margaret Livingston) espera a su amado ansiosa a la luz de la luna en una noche dificil, la descubrimos primero nosotros que el propio hombre. En esa orilla se encontrará con el personaje de O’Brien.

A partir de aquí se acaba el plano secuencia. El encuentro entre ambos, era esperado, como puede verse en los 2 siguientes fotogramas.


Pero la amante le propone un macabro plan que desata la ira del personaje de O’Brien, que acaba convirtiéndose o más bien confundiéndose con deseo y sexo, como puede verse en la siguiente toma.

Tras ello, la amante le explica como sería su vida juntos si consiguiera acabar con su mujer, llena de aventuras, traslandándose a vivir a la ciudad. Murnau nos ofrece esa visión con una excelente sobreimpresión de imágenes de la ciudad, como puede verse en la captura siguiente. Ellos dos en el prado estirados y en el cielo lleno de imágenes urbanas nocturnas sobreimpresionadas.

La escena acaba con este maravilloso y precioso fotograma con un trabajo fotográfico bestial. Una noche que se ha hablado de algo siniestro, pero…. ¿realmente ocurrirá?. ¿Realmente el personaje de O’Brien se atreverá a ahogar a su mujer y simular un accidente?. Lo que se pregunta el personaje es …¿merece la pena perder una familia solo por deseo?

Estamos ante una escena fantástica llena de sabiduría filmica por parte de un grande como fue Murnau.
La película tiene un idealismo muy arcaico moralmente, nos presenta el adulterio como casi un delito y esa reconciliación en la iglesia resulta no menos curiosa, una historia demasiado clásica y políticamente correcta, con unos valores demasiado vulnerables para ofrecer un retrato realista de la vida misma y de las relaciones. Por no hablar del happy end que parece realmente una imposición de la productora cuando no lo es por ser tan atípico en films de Murnau. Pero lo importante en “Amanecer” no es lo que nos cuenta sino como nos lo cuenta, y a pesar del final impuesto, sin dudarlo, el film tiene mucho del sello del alemán.
Bebe de ideas conceptuales propias del cine negro o del western y está llena de antagonismos. La trama se inicia en el campo que claramente representa la tranquilidad, la pureza y la bondad, en cambio nos presenta la ciudad como la tentación, la diversión desmedida, la perversión, el erotismo, el placer o la maldad. No solo ocurre con las localizaciones, también podemos ver contrariedades en las dos féminas del film, la rubia sería una esposa ejemplar y la morena seria la femme fatale despiadada, propia de los films noir, una especie de Lana Turner o Barbara Stanwyck de clásicos posteriores.
Amanecer es el camino de redención de un hombre, que arrastra una culpa pesada, la lucha interna de un personaje que debe decidir entre su lado bondadoso o su lado más perverso y diabólico. Un viaje que supondrá una segunda oportunidad, otro “noviazgo” por así decirlo. La ciudad es presentada como algo exageradamente embotellado y fantasioso, seguramente por el momento idílico que viven los personajes, con grandes hallazgos a nivel visual para la época para reforzar esa sensación.
La cinta de Murnau no está exenta de comicidad, ya que posee ciertos toques de humor en algunos momentos, realmente conseguidos (por ejemplo la escena en la peluquería), aunque en otros dilatados en exceso (la captura del cerdo) y sin que aporten aparentemente nada en cuestiones narrativas, ¿imposición de la productora?.
La película tiene una factura envidiable, mantiene la frescura de antaño, posee unas escenas de una fuerza visual increíble, con unos trucajes algo envejecidos pero que funcionan, unas actuaciones fabulosas, un ritmo que no da respiro al espectador, una fotografía espléndida tanto diurnas como de penumbra (ver esas escenas nocturnas con tan buen uso de la luz) y una banda sonora acorde a lo contado.
Amanecer es un retrato visual de la redención y ante todo del triunfo del amor puro y la derrota de la tentación y la perversión. Una obra maestra.





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